Lo irrevocable tiene su belleza. Terrible, implacable belleza. Cuando la totalidad de una situación se confabula para ser de esa y no de otra manera, para tomar una decisión que trasciende lo voluntario, hay una rendición por parte de la persona no exenta de melancolía pero libre de las contradicciones es una mente que confunde libertad con elección. Pero llegar a ese punto de plena disponibilidad requiere de una madurez solo accesible a los corazones que han caminado lo suficiente y lo suficientemente atentos.
Comentarios
Publicar un comentario