Tod@s nos hemos visto ofuscad@s en uno u otro momento, y tod@s sabemos, más allá del tópico razonamiento de turno que el/la ofuscad@ no es responsable de sus actos. De hecho la propia noción de responsabilidad se diluye como azucarillo en el agua de la vida cuando en una observación amante de los hechos y no dada a teorías mutuamente intercambiables, descubrimos que las personas simplemente somos lo que somos... en el momento en que lo somos. "Existe la maldad, no quien hace el mal", reza el Dhammapada. Tendríamos mucho menos confusión y una energía más disponible si no gastáramos nuestros días -y arrastrámos las noches detrás de ellos- en interminables etiquetajes y disquisiciones que únicamente construyen personalidades unitarias a fuerza de hábito y repetición. No necesitamos agarrarnos a un poste para construir nuestra individualidad... la ofuscación es una más de las reacciones desesperadas ante una filosofía de vida que tiene todo de filosofía y nada de vida.
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